miércoles, 27 de septiembre de 2023

"Confesiones del estafador Félix Krull", de Thomas Mann.

  Quien considere la vida profesional de un escritor de forma lineal, escribiendo novela tras novela, finalizando una antes de empezar otra, se equivoca. Un escritor pergeña mil historias a la vez, las pone en negro sobre blanco, algunas las abandona, otras las continúa, otras las retoma y termina, otras las retoma y las vuelve a abandonar... Vamos que es un puro caos creativo. Muchos autores, por puro pudor, destruyen obras iniciadas en su juventud que desmerecen la calidad que alcanzaron en su madurez, pero no todos. Parece que el bueno de Thomas Mann, Premio Nobel de literatura de 1929, no se deshizo de una obra juvenil de tintes irónicos, ya que se trataba de una parodia de la autobiografía de Goethe, que en lengua española ha sido traducida erróneamente como Confesiones del estafador Félix Krull. Quizá hubiera hecho mejor en desechar este esbozo de novela que, finalmente, quedó inconclusa. Tampoco se puede infravalorar las presiones editoriales que sufriera el alemán para publicar lo que escribiera aunque fuera en papel higiénico, toda vez que habiendo sido premiado con el Nobel y con el Goethe en 1949, cualquier escritor se convierte en una perita en dulce para el negocio editorial.
 Decía que el título había sido erróneamente traducido a Confesiones del estafador Félix Krull y es que, a pesar de mis escasísimas nociones de alemán, me atrevo a afirmar que el título original, "Bekenntnisse des Hochstaplers Felix Krüll" debiera haberse traducido por "Confesiones del impostor Félix Krull", toda vez que el personaje no es un estafador (no obtiene dinero de nadie mediante engaño) sino un impostor (finge ser quien no es). Es, sin duda, un detalle menor, pero ¡ya podría corregirse!
 En fin, la novela no es gran cosa. De Mann sólo he leído La montaña mágica y Muerte en Venecia. La primera me gustó muchísimo y la segunda, no tanto. En La montaña mágica, Mann alcanza unas cotas altísimas de narración, con una naturalidad excelente, algo que justifica sobradamente la concesión del Nobel, pero el nivel de calidad baja terriblemente con la novela que reseño. Aparentemente, pues, Mann comenzó Confesiones del estafador Félix Krull en su juventud (algo que se aprecia en una prosa demasiado ampulosa, pretenciosa e impostada que en nada tiene que ver con obras posteriores y que es atribuible, seguro, a la poca experiencia del autor) y la retomó ya en su madurez sin, parece ser, retocar mucho lo escrito con anterioridad. El resultado es mediocre, se nota demasiado que es una novela de juventud (dicho esto en sentido peyorativo, como poco avezado, poco experimentado), hasta el punto que se hace incómoda de leer. Por supuesto, la ironía también juega su papel, de modo que mucho de lo escrito hay que leerlo con sorna, como el hecho de que el protagonista tratara siempre de forma ridículamente respetuosa a otras personas (llamando, por ejemplo, "señor director" a un simple conserje o "chef" a un ayudante de camarero).
 El argumento de la novela, grosso modo, es el siguiente: un joven alemán, Félix Krull, perteneciente a una clase social medio-baja pasa por todo tipo de estrecheces económicas cuando su padre muere. La familia se ve obligada a "buscarse la vida": la madre abre una pensión con ayuda de su hija, Félix será enviado a Frankfurt primero y a París después gracias a enchufes (pobres enchufes, en cualquier caso) de su padrino. En París entrará como ascensorista sin sueldo, pasando poco después a camarero gracias a su buen hacer y su corrección en el trato con los clientes. Tan buen trato da y tan atractivo es el chico, que varios clientes se enamoran de él, entre ellos una joven inglesa y un cincuentón escocés (aquí, tal vez, alguien puede ver la ambigüedad sexual que Mann da a sus personajes, algo muy marcado en Muerte en Venecia, y que algunos críticos consideraban aplicable al autor). En fin, el pobre Félix (quien, por cierto, ha sido rebautizado como Armand por el director del hotel) gusta mucho pero no acabará de cambiar de vida hasta que el joven marqués de Venosta se fija en él para un peculiar trato. El quid de la cuestión radica en que el marqués (podrido de dinero como buen hijo único de nobles luxemburgueses) está perdidamente enamorado de una corista parisina; sus padres, desaprobando esa relación, quieren forzarlo a separarse de ella haciéndole viajar por todo el mundo. Bien, la estratagema del marqués es que el camarero Félix viaje por todo el mundo en su lugar mientras él se queda en París con su amada. Claro, para Krull, el trato es un sueño: de ser un simple camarero explotado en un hotel pasará a ser un fingido marqués que viajará por todo el mundo, con todo pagado, conociendo gentes de lo más destacado socialmente hablando y viviendo, en definitiva, "la gran vida". Félix aceptará y se embarcará para Lisboa donde habrá de comenzar un viaje que lo llevará por casi todos los continentes.
 La novela está formada por tres libros, acabando el último en un enamoramiento de Félix Krull, ahora un marqués impostado, de una joven lisboeta y sus aventuras en la capital lusa. Faltaría, según dicen los críticos, un cuarto libro ya proyectado por Thomas Mann, en el que saldría de Lisboa, se convertiría en ladrón y acabaría en la cárcel (tal vez de aquí provenga el "estafador" del título). En todo caso, ese cuarto libro no llegó a ver la luz y todo termina con la asistencia a una corrida de toros, dejando una sensación de insatisfacción en el lector que ve la obra sin rematar.
 Pues eso, para rematar esta entrada mía: la novela es muy mediocre para las esperanzas que se pueden poner al leer a Thomas Mann. Se nota demasiado a las claras, como antes decía, que es una obra de juventud del autor; le falta mordiente y le sobra ampulosidad. Claramente, una obra menor.

sábado, 23 de septiembre de 2023

Otoño, de nuevo.

 

Alphonse Mucha, Alegoría del otoño, 1896. Colección privada.Óleo litografiado
Imagen tomada del sitio www.historia-arte.com

miércoles, 20 de septiembre de 2023

"Composition Book", by Grant Snider (www.incidentalcomics.com).

 

Image taken from the site www.incidentalcomics.com

"Naturaleza hostil", de Arnaldur Indridason.

  Igual que en los años 60 y 70 del pasado siglo se dio el llamado "Boom latinoamericano", que lanzó a los escaparates de las librerías obras de Cortázar, Borges, García Márquez, Vargas LLosa, etcétera, en las últimas dos décadas hubo una explosión de novela negra de autores nórdicos. ¡Quién no ha oído hablar de Stieg Larsson y su multimillonaria saga Millennium, del noruego Jo Nesbo, de la superventas sueca Camilla Lackberg! Ha sido un éxito de ventas tremendo a nivel mundial, lo que se dice un bestseller. Ahora bien, en aquel Boom latinoamericano se colaron autores que tenían una calidad muy inferior a Borges o Cortázar, y parecía que lo único que los unía era el hecho de ser escritores latinoamericanos. Dicho de otra forma, en los años 60 y 70, las editoriales promovieron a ciertos escritores únicamente por su origen geográfico para vender libros como rosquillas movidas únicamente por el afán mercantil (al fin y al cabo son empresas y su meta es la obtención de beneficios, claro). Es decir, parte del Boom latinoamericano fue un fenómeno editorial, no tanto un fenómeno literario. ¿No habrá pasado lo mismo recientemente con la novela negra nórdica? Para intentar comprobarlo leo una novela de un islandés bastante conocido en novela policíaca: Arnaldur Indridason.
 Igual que en otras novelas policiacas, los autores ya tienen personajes tipo que repiten en todas, en este caso es un policía de Reikiavik, un tal Erlendur Sveinsson, que unirá a sus conocimientos e instinto de sabueso policiaco un pasado atormentado (la muerte de su hermano pequeño en una tormenta de nieve, por ejemplo) y un presente complicado (carencia de relación afectiva, por ejemplo). Y aquí es donde empiezo a ver semejanzas un tanto cutres. Digo "semejanzas cutres" porque pienso que la novela policiaca fue iniciada, al menos de forma exitosa y reconocible como subgénero propio, con Arthur Conan Doyle y su Sherlock Holmes. Sherlock Holmes ha sido un personaje imitado sin límite, pero en plan cutre, porque sus imitaciones son mucho más pobres y superficiales. Pero, igual que Holmes tenía problemas con la morfina, era misántropo a más no poder, su comportamiento era asocial como poco... los detectives recientes son también gente problemática. Además, en las novelas policíacas, a imagen y semejanza del Doctor Watson, con su comportamiento más normal, pero también más romo y obtuso, salieron mil imitadores (ahora que lo pienso, por cierto, la pareja Holmes-Watson no difiere mucho de la de Quijote-Sancho, uno el inteligente -o estrambótico- y el otro más pegado al mundo); así, igual que Holmes-Watson están las parejas de Agatha Christie con Poirot y el capitán Hastings o incluso, más cercano en el tiempo y la geografía, Bevilacqua y Chamorro de Lorenzo Silva. En fin, ya sé que, en realidad, si no es copia, siempre hay una inspiración al menos en la literatura anterior, pero es que en la novela negra es mucho...
 Y luego está la cuestión paisajística. No sé cómo será en las novelas de autores suecos o noruegos, pero en la de este tal Indridason, el componente clima y paisaje agreste es fundamental. Y es que Islandia, país al que, desgraciadamente, nunca he viajado y que debe ser un verdadero paraíso, no deja de ser un pequeño país de apenas cuatrocientas mil almas, perdido rozando el Círculo Polar Ártico, con un paisaje extraordinario poblado por inmensos glaciares y volcanes activos, con un clima extremo aparentemente inapropiado para el desarrollo de una sociedad humana. Así, el propio Indridason hace de esos paisaje y de ese clima unos protagonistas más de la novela, que cambian drásticamente la vida de los personajes humanos.
 En fin, me ha parecido una novela amena, morbosa (como todas las novelas policiacas, que disfrutan describiendo asesinatos brutales), razonablemente bien escrita, incluso con alguna figura literaria como la analepsis... pero (esto también creo que es un defecto general de las novelas negras) es un tanto predecible, pues en casi todas ellas, el asesino acaba siendo el que menos se figura uno pues lo presentan inicialmente como un dechado de virtudes (ya digo, tan previsible que, en esta novela, un servidor se dio cuenta desde el principio). Para concluir, una novela aceptable pero muy comercial, para gente que lee por matar el tiempo, algo que nunca he acabado de entender plenamente, toda vez que tiempo es lo único que tenemos en la vida, y nunca sabemos cuánto...

domingo, 10 de septiembre de 2023

"La muerte de Matusalén", de Isaac Bashevis Singer.

  Veinte relatos del genial autor en lengua yidis, Premio Nobel de literatura de 1978. Veinte cuentos en los que recoge la cultura judía centroeuropea que fue aniquilada a base de marginación, pogromos y asesinatos en masa hasta decapitarla en la Segunda Guerra Mundial. Digo "cultura", pero, en realidad, la cultura askenazí no fue exterminada, el ejemplo era el propio Singer. Sí que acabaron con la población europea, empobreciendo terriblemente al continente, con una de las aberraciones más monstruosas del siglo XX. Pero, para mí, lo más destacable es que, habiendo sido víctimas de la Shoah, escritores como Singer no se regodean en un victimismo paralizante y "empequeñecedor", sino que se vierte en lo que los fanáticos asesinos querían evitar: que vivieran como si no hubiera un mañana, que se enamoraran, desenamoraran, viajaran, formaran familias en otras partes del mundo, siguieran trabajando, negociando, escribiendo... En definitiva, que siguieran celebrando la vida. Los personajes de Isaac Bashevis Singer no son seres apocados, acomplejados, asustados y rencorosos, no, son gente que vive su vida con los terribles cambios que ésta conlleva pero sin mirar atrás con resentimiento.
 El judío de Babilonia es un pequeño relato, quizás uno de los más flojos de este volumen, que narra las peripecias de un judío sefardita que viaja por Europa Central como "obrador de milagros", lo que le proporciona la admiración de los judíos de a pie y el odio y la desaprobación de los rabinos y "rebes" de esas comunidades.
 El amigo de la casa es un cuento con las características más frecuentes en Singer: en una cafetería (ambiente habitual para conversaciones sin fin) se narran promiscuidades e infidelidades (tema recurrente) de los amantes que son eufemísticamente llamados "amigos de la casa".
 Disfrazado toca un tema no frecuente en el escritor polaco-americano que parece mucho más moderno (al menos en el tema, no en el tratamiento), el de la homosexualidad e incluso el travestismo y la transexualidad. Un tema mucho más en boga hoy en día, pero tratado desde una óptica judía tradicional: el amante del transexual es presentado como un demonio impío (casi un dibbuk).
 La muerte de Matusalén, a pesar de dar nombre al volumen, no es el mejor relato de los aquí contenidos. Fantasea sobre la vida del personaje veterotestamentario, el hombre más longevo de la historia, abuelo de Noé, que, en el relato es tentado por la lujuriosa Naamá, descendiente de la tribu de Caín.
 Son relatos ambientados tanto en Polonia (principalmente en Lublin y Varsovia) como en Estados Unidos (Nueva York y Miami); todos esos lugares fueron los escenarios donde el genial Singer luchó contra todos las vicisitudes adversas, que debieron de ser muchas, pero con un optimismo y una vitalidad envidiables. La mayoría son narrados en tercera persona, con el narrador omnisciente típico, pero unos pocos son contados en primera persona, refiriendo Singer encuentros con extraordinarios tipos, supervivientes natos, que le relatan hechos pasados.

domingo, 3 de septiembre de 2023

"Cuentos morales", de Leopoldo Alas, Clarín.

  Veintiocho relatos del inmortal creador de La Regenta. Si en su obra cumbre se muestra como un narrador apabullante por su capacidad de pergeñar personajes redondos y verosímiles sin esconder nada ni bueno ni malo (naturalismo en grado sumo), en los relatos se aprecia mejor esta cualidad. Es como si en los cuentos se hubiera condensado la inmensa calidad del asturiano (y zamorano de nacimiento). 
 No estoy de acuerdo con la brevísima recensión de la contraportada de esta edición (editorial Edicomunicación, aparentemente, ya desaparecida) cuando dice: "El autor les puso el título de Morales no porque reflejen ejemplos dignos de ser imitados, sino porque nos revelan las facetas más sensibles del ser humano...". No estoy de acuerdo porque, como ya desgranaré ahora, los relatos sí muestran comportamientos y personajes morales. Es curioso recordar que Clarín fue tomado por un "liberal ateo" en su época, cuando la moral que refleja es claramente cristiana; otra cosa es que defendiera la separación entre Iglesia y Estado, o que llegara a pensar, tal vez, que la Iglesia católica de su tiempo era una organización perniciosa, pero, leyendo sus relatos, se puede apreciar un apego notable a las virtudes evangélicas. En todo caso, temo que la editorial pusiera esa reseña para no asustar al lector tipo de estos tiempos (la edición es de 1999) y asegurarse así más ventas. Business is Business.
 En El cura Vericueto se narra la historia de un cura rural, aparentemente ultraconservador y especialmente avaro. Cuando parece que uno está leyendo un relato anticlerical, Clarín gira el argumento para descubrir que esa avaricia ratonera, esa usura pobretona y mezquina del cura tiene como finalidad pagar una deuda de juego contraída tiempo atrás. Se presenta como una firme adhesión al principio de honorabilidad, algo hoy muy pasado de moda, pero que hace cien años era tomado por un principio fundamental de bonhomía.
 Boroña es un relato sobre un indiano rico que regresa a Asturias para morir y que, en sus últimos días, sólo recuerda el pan de maíz, pobre sustento, que comía de niño. Por cierto, hoy el Diccionario de la Lengua Española de la RAE admite el vocablo sustituyendo la "ñ" por "n", es decir, "borona".
 La conversión de Chiripa es un relato humorístico en el que un mendigo acaba convirtiéndose a la fe católica por una serie de circunstancias descacharrantes. Alguno podrá ver un cierto ateísmo, pero, en realidad, no hay sino una feroz crítica a una Iglesia pacata y pueblerina que sólo trata de hacer adeptos como un vendedor a comisión.
 El número uno es un extraordinario cuento sobre la humanidad, sus grandezas y miserias. Tiene un final claramente moralizante en un sentido cristiano, aquel de "los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos".
 El relato titulado Para vicios es una genial disección de un tipo de alma humana muy frecuente no hace tanto (y ahora también, aunque con diferentes parámetros). Es, de nuevo, otro cuento moral, desprecia mediante el sarcasmo la religiosidad falsa, hipócrita, farisaica, que juzga a todos y ella, claro, es la peor... De nuevo, del Evangelio: "no juzguéis y no seréis juzgados".
 La sensibilidad exquisita se muestra en El dúo de la tos, donde dos jóvenes tuberculosos (enfermedad que hacía estragos en el siglo XIX y que, de hecho, acabó matando a Clarín a sus cuarenta y nueve años) se enamoran el uno del otro. Pero no es, claro, un relato pasional, pues los jóvenes tísicos se enamoran de sus respectivas enfermedades, de sus necesidades de afecto, de sus soledades... Es un bellísimo texto que rezuma ternura por todos lados.
  Un grabado es un delicado retrato del padre viudo que ejerce de padre y de madre. Un padre amante de sus hijos, cariñoso y protector, que se desvive por ellos. Esa figura, que siempre existió y existirá, ha sido puesta en duda por el feminismo misándrico de los últimos tiempos. ¡En fin!
 El Quin es un conmovedor relato personificado en las miserias de la vida de un perro, de su nacimiento a su muerte. El Quin (mala pronunciación de la palabra inglesa, King) es un perro sensible, necesitado de afecto que sólo recibe dureza y maltrato.
 La noche-mala del diablo es un cuento moral (cristiano) en el que el diablo intenta imitar a Dios dando un hijo al mundo. Éste nacerá, por contraposición a la Nochebuena, en la "noche-mala". Sin embargo, el hijo del diablo no es el Cristo, no puede luchar contra la liberación que promete Jesús de Nazaret.
 Y así hasta veintiocho excelentes relatos. No todos ellos, pero la mayoría, como digo, tienen un evidente carácter moralizante al mostrar conductas o individuos como modelos a seguir.