sábado, 24 de marzo de 2018

26ª edición de la Feria del libro antiguo y de ocasión de Valladolid.

 Esta vez dedicada a las tres culturas (judía, musulmana y cristiana).
Imagen cortesía de la inigualable A.C.A.
 

miércoles, 21 de marzo de 2018

"Sam Pezzo. Un detective, una ciudad.", por Vittorio Giardino.

 Siguiendo con cómics, la editorial Norma ha sacado una recopilación de uno de los personajes estrella del dibujante italiano Vittorio Giardino: Sam Pezzo. Pezzo es un detective privado de los más estereotípicos: gabardina, sombrero, mirada cansada, cigarrillo y lingotazo de whisky permanente... Tal vez lo más original es la ambientación, en la ciudad natal del dibujante, Bolonia.
  El estilo de Giardino como dibujante de cómics, por otro lado es otro clásico: "línea clara", en este caso en blanco y negro, con mucho detalle no solo para personajes sino también para edificios, calles, coches... Es uno de los puntales del llamado "cómic europeo" junto con Jacques Tardi, Hugo Pratt, Hergé y otros pocos. 
 Como decía cuando hablaba de Joann Sfar, de los creadores de cómic es difícil que sean tan buenos dibujantes como escritores. En el caso de Giardino el dibujo es, en mi opinión, difícilmente mejorable, sin embargo los argumentos no son todo lo sólidos que debieran. Comparando las historias de Sam Pezzo con las de Néstor Burma (detective creado por el escritor Léo Mallet y dibujado por Tardi), en el primero hay demasiadas inconsistencias y a veces los giros son un tanto predecibles o vulgares.
  No quiero ser injusto, Vittorio Giardino es un referente sin duda alguna en el mundo del cómic, pero habría sido fantástico que hubiese puesto su talento como dibujante al servicio de escritores de mejor calado como, por ejemplo, Georges Simenon.

lunes, 19 de marzo de 2018

"El gato del rabino 6. No tendrás otro Dios aparte de mí", por Joann Sfar.

 Sexta entrega (en español) de la colección de cómics El gato del rabino, obra del dibujante francés de origen sefardita Joann Sfar.
  Siempre he defendido que entre los autores de cómic había una clara diferencia entre los que eran mejores dibujantes o mejores escritores. Claramente predominan los primeros. Así, por ejemplo, Jacques Tardi o Hugo Pratt son mucho mejores como dibujantes y, algunas veces, los argumentos son un poco flojos. En muchos casos los escritores de cómic que no son grandes dibujantes dejan a otro que sí lo es que se encargue de la tarea artística (caso de Alan Moore o Neil Gaiman). Pero siempre hay excepciones y Joann Sfar es una. Sfar es un escritor notable (para el ámbito del cómic que tiene un estándar más bajo que la narrativa); sus historias tienen una profundidad más que sobrada, especialmente las que tienen como trasfondo el judaísmo, más como cultura que como religión. Pero también es un gran dibujante, con un estilo propio que parece descuidado pero que le da un interés añadido (por el exceso de dibujantes de cómic que abusan del estilo de la línea clara).
  En su lengua original, francés, han publicado siete álbumes (además de las ediciones "integrales" del conjunto; en español, la Editorial Norma va por el sexto álbum, lo cual no está nada más considerando que en otras lenguas, como por ejemplo el portugués, se han quedado en dos. 
 Por cierto, como curiosidad, el gato que da nombre al cómic y que es el hilo conductor de la trama (aunque el propio Sfar reconocía que él mismo se sentía como el gato que reflexiona sobre su vida y las de los demás, es, por tanto, el álter ego del autor) fue un gato oriental del propio dibujante, llamado Imhotep y que murió el pasado mes de febrero de 2018 a la avanzada edad (para un gato) de dieciocho años.
Imagen tomada del sitio www.bedetheque.com

viernes, 16 de marzo de 2018

"Buenos presagios", por Terry Pratchett y Neil Gaiman.

 La maestría prosística de Simenon tiene poco que ver con Pratchett y Gaiman. De hecho no creo que estos dos últimos se hubieran ofendido si se les dice. Todos son escritores, pero no pueden ser más distintos. Por otro lado el propio Simenon también sería mirado con desdén en su época cuando lo compararan con otros escritores francófonos como Víctor Hugo, Eugene Sue o Alejandro Dumas. ¡Es igual! Soy un firme defensor de todas las posibilidades en la literatura, desde la más sesuda narrativa a la prosa más ligera, incluso yo mismo paso de una a otra en función de mis necesidades anímicas. Pues bien, Neil Gaiman y Terry Pratchett son autores modernos de literatura juvenil, también de cómic y, en general, temas poco profundo; por ello, sus historias son amenas, divertidas, sorprendentes... Aquí una de ellas: Buenos presagios.

 Lo extraño es la colaboración de ambos escritores, pues aunque eran amigos (Pratchett falleció en 2015) y su estilo literario tiene bastantes puntos en común, son francamente extrañas las colaboraciones. Sea como fuere, Buenos presagios está firmada por ambos y, ciertamente, se aprecia características de los dos, o, por mejor decir, las características comunes de ambos, sobre todo el humor absurdo con un cierto tono negro que es fácil de detectar en otras novelas.
 El argumento gira en torno al fin del mundo, con personajes místicos (ángeles, diablos y el mismo Dios) pero con comportamientos y características muy humanas. Es una lectura agradable, sin grandes pretensiones pero que alivia la visión tan negra de Simenon.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Inciso cinematográfico: "The Harder They Fall" (1956), dirigida por Mark Robson.

 Hay actores que gustan muchísimo en sus épocas y, cuando pasan varias décadas, son considerados desfasados. Ese es el injusto caso, me temo mucho, de Humphrey Bogart. Hoy (y desde hace ya mucho tiempo) se caricaturizan los personajes interpretados por Bogart como un detective enfundado en una gabardina, con un sombrero ladeado, fumando sin parar y con un gesto de tipo duro que te incapacita para sostener su mirada. Bueno... estereotipos... ya se sabe... Y es que, en aquellos años 30, 40 y 50 del siglo pasado se buscaban tipos duros y Bogart, con su rictus de madera (parece que provocado en parte por una esquirla durante la Gran Guerra) era el prototipo perfecto. Pero claro, un actor interpreta los papeles que le ofrecen, no es el culpable de que el personaje en cuestión sea, a la luz de nuestros días, un auténtico capullo (quede como anécdota que siendo yo chico, en aquellos años 80, cuando alguno se ponía en plan tipo duro se burlaban de él diciendo: "¡qué pasa, Humphrey!"); en todo caso, a pesar de papeles un tanto exagerados, Bogart era un extraordinario actor: un tipo enclenque de metro setenta que resultaba perfecto como galán entre guaperas de metro noventa, un actor que no temía primeros planos sino que eran su fuerte (la capacidad expresiva de aquella cara arrugada era así de extraordinaria), un actor, en fin, capaz de dar verosimilitud a cualquier película, ésta entre ellas:
Imagen tomada del sitio www.doctormacro.com
  Por cierto, esta película se estrenó el año 56, probablemente ya estaría enfermo del cáncer de esófago que lo mataría el año siguiente. Aquí también hay sombreros ladeados, trajes cruzados con grandes hombreras y nicotina a tutiplén. Bogart encarna a un periodista deportivo de gran fama pero en horas bajas que acepta un trabajo muy bien pagado pero de gran inmoralidad en el mundo del boxeo. Su empleador, interpretado por un excelente Rod Steiger, es un crápula sin moral alguna que compra combates y lanza a un paquete, "Toro Moreno" hasta la cumbre de los pesos pesados para dejar que lo reviente el campeón. La imagen que se da del boxeo, por cierto, es deplorable: todo son engaños, artificios y brutalidad sin una pizca de humanidad. Bogart irá teniendo reparos morales a medida que se aprovechan del pobre gigante ingenuo par conseguir dinero.
Imagen tomada del sitio www.doctormacro.com
  Al margen de la corrupción generalizada en el boxeo, la película muestra a un genio de la interpretación en las distancias cortas que hace que los que somos capaces de disfrutar con el cine omitiendo la coyunturalidad de las películas lleguemos al éxtasis. Es una gran película, dura, pero con una trama muy bien urdida, pero, sobre todo, nos muestra a un actor imponente.

lunes, 26 de febrero de 2018

"Pedigrí", de Georges Simenon.

 Simenon no es autor de novelas tan extensas como ésta. La novela negra suele pedir una extensión más corta, otra cosa es que se prolonguen en sagas interminables, pero, en realidad, para la descripción de un caso policiaco y su resolución (bien sea por el Comisario Maigret u otro cualquiera) es más apropiado una novela breve. Pero, claro, Pedigrí no es una novela negra sino una novela autobiográfica.
  Con todo, el "estilo Simenon" está presente. Con eso quiero decir que la descripción minuciosa de las acciones y pensamientos de los protagonistas (que tan útil es, claro, en la novela negra, ya sean asesinos, víctimas o investigadores); pero además está presente un cierto ambiente sórdido en las vidas de los personajes, una grisura no solo física sino también moral. Esto puede sorprender en una novela autobiográfica, aunque por lo que se sabe de Simenon su vida personal no estuvo exenta de complicaciones en el ámbito amoroso.
  La novela se inicia con los "presuntos" progenitores del escritor, y aunque se centra todo en los planos familiar y personal también se cuela de refilón la vida social de la Bélgica de principios de siglo XX.

jueves, 22 de febrero de 2018

miércoles, 21 de febrero de 2018

"Thanks", por Grant Snider (www.incidentalcomics.com).

Imagen tomada del sitio www.incidentalcomics.com

Inciso cinematográfico: "A Time to Love and a Time to Die" (1958)

 Otra película bélica de las únicas que soporto: las que son inequívocamente antibelicistas, aquéllas que muestran a las claras la sinrazón animalesca del ser humano que es capaz de destruirse en masa en razón de las estúpidas jerarquías sociales que hacen que un rey, un führer, un presidente, un gran empresario decida que quiere poseer más. La película fue dirigida por Douglas Kirk y el actor protagonista es uno de los "guaperas" de la época, John Gavin; pero lo más importante, al menos para mí, es el guionista y autor de la novela de la que deriva: Erich Marie Remarque.
Imagen tomada del sitio www.likesuccess.com
  Remarque (Remark en su lengua natal) fue enviado al matadero de la Gran Guerra como tantos miles de jóvenes alemanes, tuvo la suerte de sobrevivir, pero sobre todo tuvo la suerte de que naciera en él una consciencia crítica contra los autoritarismos militaristas que marcaron la primera mitad del siglo XX. Gracias a esa consciencia crítica se hizo escritor y pudo exorcizar los demonios que acechan en todo Homo Sapiens que pretenda ejercer como tal (como "hombre que piensa"). Sus novelas son alegatos antibelicistas de primerísima calidad que estallan como verdades indiscutibles ante la tozuda realidad histórica del ser humano. Dos de esas novelas fueron llevadas al cine: Sin novedad en el frente (de la cual hice una pequeña recensión hace tres años) y ésta que nos ocupa.
Imagen tomada del sitio www.doctormacro.com
  La película está ambientada en la Segunda Guerra Mundial, siguiendo las peripecias de un soldado alemán que luchando en el frente ruso en época en que los nazis ya cosechaban derrota tras derrota consigue un permiso y vuelve a su ciudad natal, bombardeada e inmersa en la inmundicia moral. Allí se enamorará de una antigua vecina con un amor visceral del que sabe que no habrá un mañana. La historia de amor contrasta brutalmente con la masacre perfectamente orquestada. El resultado es impactante, al menos para los que tenemos inteligencia emocional suficiente: todo queda en una impotente denuncia de la barbarie humana... quien tenga inteligencia que entienda...

viernes, 16 de febrero de 2018

"Lo que Maisie sabía", por Henry James.

 La "literatura victoriana" será todo lo victoriana que se quiera respecto a la ambientación (a finales del XIX y principio del XX), pero los sentimientos humanos son, obviamente, atemporales. Lo que Maisie sabía es una novela tan moderna o tan antigua como se quiera, es la narración del desamor que afecta no solo a una pareja sino también a los hijos de esta. Pues la Maisie del título no es sino la hija de un matrimonio roto que como todos los que acaban así se tiran los trastos a la cabeza, utilizando a la criatura como arma arrojadiza. La genialidad narradora de James permite mostrarnos los pensamientos de la niña para que el lector adulto note lo que en verdad ocurre.
  El título nos da, pues, la linea central de la novela: el autor simplemente presenta lo que la niña sabe de la virulenta relación de sus padres con una ingenuidad que el lector sabe pueril. El lector adulto adivina con triste sarcasmo lo que la niña no entiende. Antes decía: atemporal, esto ocurrió y ocurrirá siempre, lamentablemente.
  En cualquier caso, la genialidad narrativa de James permite apreciar otra forma de contar una historia: a través de los pensamientos y palabras del personaje protagonista sin que éste nos lo cuente por sí mismo, dejando a la interpretación del lector la verdad obvia de los hechos.