lunes, 27 de octubre de 2014

"Las célticas, Corto Maltés", de Hugo Pratt

 Ya he escrito antes de Pratt y de su creación por excelencia: Corto Maltés. Todas las enormes virtudes y los no pequeños defectos están en este tomo.
  Virtudes muchas, ya lo dije: extraordinarios e icónicos dibujos (en verdad uno de los personajes más famosos de cómic de todos los tiempos); argumentos sencillos pero bien hilados que enganchan al lector y hacen de Corto Maltés un personaje redondo; referencias literarias, culturales y sociales que dan empaque a la obra... En definitiva, una de las mejores creaciones del cómic europeo. Pero también defectos, sobre todo la escasa calidad literaria de los diálogos, que parecen demasiado artificiales y forzados. Lo escribí en otra entrada: Hugo Pratt fue mucho mejor dibujante que escritor. Su obra principal, Corto Maltés, adolece de laxitud en algunos momentos.
  La obra de Pratt recae en nuestro país en la editorial de cómics más potente: Norma Editorial, que, de forma recurrente, publica en una calidad bastante aceptable su obra. Hace años, ya bastantes, sacaron una colección en un formato muy grande y con gran calidad. No sé si fue un acierto o no, pero ahora han vuelto a reeditarlo  en un formato más pequeño pero igualmente con gran clase, toda vez que Corto Maltés está considerado como "cómic para adultos".

viernes, 17 de octubre de 2014

Ahora leyendo: "El santuario y otras historias de fantasmas", por E. F. Benson

 Otra impagable colección de relatos fantásticos editada por Valdemar, esta vez de un autor "menor" pero con suficiente talento como para echar unas cuantas horas con su obra: Edward Frederic Benson.
  Benson no es Poe, desde luego. Sus relatos pueden parecer un punto ingenuos comparados con los del americano; puede que tampoco tenga el talento de De Maupassant, Le Fanu, Dickens o Radcliffe, pero no deja de tener una prosa eficaz, cultivada sin caer en lo recargado, y unas historias sencillas pero eficaces. Son, simple y llanamente, relatos de fantasmas: narraciones en las que el personaje principal, un reputado y escéptico caballero, acaba por rendirse a la evidencia de que existen algunos fenómenos paranormales que solo pueden ser explicados mediante el concurso de fantasmas, espíritus o almas en pena.
  Es probable que muchos de estos autores hayan sido subidos al carro del éxito por "desaprensivos editores" que quieren vender libros al socaire del gusto por la "literatura victoriana", y es por ello por lo que, inconscientemente, los comparo con aquellos grandes genios, pero lo cierto es que, en mi opinión, los relatos de Benson bien merecen ser recogidos en este pequeño tomo que Valdemar nos presenta.

lunes, 13 de octubre de 2014

The Smiths - "Asleep"

Sing me to sleep
Sing me to sleep
I'm tired and I
I want to go to bed

Sing me to sleep
Sing me to sleep
And then leave me alone
Don't try to wake me in the morning
'Cause I will be gone
Don't feel bad for me
I want you to know
Deep in the cell of my heart
I will feel so glad to go

Sing me to sleep
Sing me to sleep
I don't want to wake up
On my own anymore

Sing to me
Sing to me
I don't want to wake up
On my own anymore

Don't feel bad for me
I want you to know
Deep in the cell of my heart
I really want to go

There is another world
There is a better world
Well, there must be
Well, there must be
Well, there must be
Well, there must be
Well...

Bye bye
Bye bye
Bye...

Ahora leyendo: "Relatos espeluznantes", de Arthur Conan Doyle

 Lástima que nadie lea este blog, porque si no los señores de Valdemar iban a tener que pasarme una pequeña gratificación por las flores que les lanzo... Sí, otra vez la editorial Valdemar, ahora con una recopilación de relatos fantásticos del escocés Conan Doyle.
  Me desharía en elogios a esta editorial: rescata autores que han sido injustamente olvidados, nos trae obras menores de escritores consagrados, mantiene los precios ajustados para aquellos de nosotros que queremos leer y no presumir de biblioteca... todo eso y mucho más, un verdadero lujo para un país como el nuestro tener a esta gente...
 En el caso de Arthur Conan Doyle, encontramos un montón de ediciones, buenas, regulares y pésimas, del archiconocido Sherlock Holmes y todo lo más de El mundo perdido, pero faltaban algunos relatos que entran dentro del "cajón de sastre" que algunos han llamado "literatura gótica" y que no es sino literatura fantástica, algo que cultivaron grandes autores como Dickens, Maupassant, Henry James o el propio Poe, algo muy del gusto de la sociedad victoriana.
 De los aquí presentados destaca mucho, pero mucho mucho, El parásito, una historia sobre hipnotismo (mesmerismo se llamaba en su época) que era muy del gusto de entonces. Los otros relatos si son bastante menores, pero dignos de echar unas pocas horas con ellos.

martes, 7 de octubre de 2014

Fiódor Dostoyevski


 Cuando reconozco a un hermano en mi prójimo, solo entonces soy hombre.

                        Fiódor Dostoyevski

Ahora leyendo: "El prestamista", de Edward Lewis Wallant

 Una de las mejores novelas que he leído en los últimos tiempos, tanto en el argumento: la vida anestesiada de un superviviente del Holocausto y su lucha por seguir vivo dejando de pensar y de sentir; como en la forma: una prosa suficientemente rápida para transmitir la feroz existencia en Nueva York como lenta para informar de los sentimientos de todos los concurrentes a la casa de empeños.
  Desgraciadamente, Edward Lewis Wallant falleció, según parece por un aneurisma, a la tempranísima edad de 36 años, lo cual nos privó de un inmenso talento literario. Wallant era, como tantos otros escritores norteamericanos, de origen judío y por tanto parte de uno de los mayores dramas colectivos que sufrió (se autoinfligió, en realidad) la humanidad en el pasado siglo, pero el enfoque que toma en El prestamista tan tremendo drama es muy particular: es el de aquél que aparentemente venció a la muerte y la barbarie, pero que está psicológicamente muerto.
 Sol Nazerman es un hombre de mediana edad que regenta una casa de empeños en el conocido como "Spanish Harlem", un depauperado barrio de Manhattan habitado por miles de latinos que tratan de subsistir un día más en su rudo ambiente. El contraste del hombre que lo ha perdido todo en los campos de concentración, sobre todo a su mujer e hijos, con la abigarrada humanidad que forma su clientela refuerza el contraste del que está muerto en vida con las brutales ansias por vivir de los otros.
 El retrato del prestamista y de otros personajes como Jesús Ortiz, su ayudante; la familia, encabezada por la hermana, que viven de su dinero; su amante, la también superviviente Tessie; el propietario de la tienda, Murillio; la bienintencionada y obtusa Marilyn Birchfield; y toda la caterva de chulos, putas, pederastas y delincuentes de poca monta componen un cuadro de una extraordinaria verosimilitud sin caer en ningún tipo de juicio de valor: no hay ni buenos ni malos, solo gente que vive y sufre.
 En el extraordinario prólogo de Eduardo Jordá, que también firma la traducción, presupone una búsqueda de la redención a través del sufrimiento, del dolor. No sería el primero que, contra toda lógica humana, siente una terrible culpa por el mero hecho de haber sobrevivido. Sin embargo, el prestamista decide cercenarse la capacidad de sentir y pensar, dejando simplemente pasar el tiempo. En un párrafo se condensa esta circunstancia, cuando Nazerman habla a su amante ante el cadáver de su padre: "Escúchame: olvídate de todo esto. No pienses, no sientas. Ve pasando a través de las cosas: es la única forma de vivir. Imagínate que eres una vaca encerrada con otro millón de vacas detrás de una cerca. No temas, no sufras. Muy pronto llegará el hacha. Y mientras tanto, come y descansa. ¡Y no prestes atención, no llores!"

domingo, 5 de octubre de 2014

Sospechosas coincidencias

 En los personajes principales de mis dos novelas encuentro evidentes rasgos autobiográficos que me definen... no es de extrañar.
  Sin embargo, ahora, releyéndolas, me sorprende que el final de ambos, la muerte, tenga características de expiación de culpas ajenas: la violación de la madre y la muerte de su pareja en el caso del noruego y el desamor y la pobreza extrema en la del galés. Ambos son víctimas de otros: de sus padres, de la sociedad... pero también de sí mismos, de sus incapacidades para afrontar la rudeza de la vida, para amortiguar, aunque sea temporalmente, su hipersensibilidad emocional.
  Ambos llegan al fatal desenlace como a una penitencia extrema que los libere del sufrimiento vital en una clara muestra de inadaptación a la realidad... ¿mera coincidencia?

miércoles, 1 de octubre de 2014

Edward Lewis Wallant

 "Deja de preocuparte por los resultados. Piensa en lo que tienes que hacer. Tiene que haber palabras -palabras nítidas y fáciles de entender- que puedan expresar en una secuencia adecuada tus sentimientos verdaderos."
                            E. L. Wallant

martes, 30 de septiembre de 2014

Ahora leyendo: "La roja insignia del valor", de Stephen Crane

 Un autor injustamente olvidado (como tantísimos) que, también debido a su temprana muerte (a los veintiocho años) pasó al gigantesco Parnaso de los despreciados, a pesar de esta excelente novela.
  La roja insignia del valor es un texto fundamentalmente antibelicista, que narra las terribles experiencias de un chico enrolado en el ejército de la Unión en la Guerra de Secesión americana. Crane consigue una verosimilitud histórica más que notable, pero, sobre todo, logra transmitir los pensamientos y sentimientos del personaje, Henry Fleming, de una manera que se anticipa a lo que algunos denominan "Impresionismo literario" que, al igual que el más conocido estilo pictórico, antepone lo subjetivo a lo objetivo. 
 La prosa es rápida, con frases cortas y no muy abundante adjetivación, aunque fuera elogiada por un reputado autor de estilo antagónico, Henry James; tal rapidez permite transmitir la ferocidad de la batalla, la alternancia de la victoria y la derrota, la futilidad de la vida humana...
  El antibelicismo de la novela se trasmite, en mi opinión, por la frialdad y realismo con los que se narra. No se trata de una idealización del guerrero en el acto sublime de la confrontación bélica... todo lo contrario: de principio a fin vemos a un chico asustado que pasa los primeros días de la guerra pensando si no acabará por desertar y huir para salvar la vida, escuchándose a sí mismo como si de un animal de laboratorio  se tratara. El salvajismo de la guerra, la indiferencia o incluso la negligencia de los militares de rango superior y la sinrazón de la matanza acaban por demostrar, al menos a aquellos de nosotros que tenemos sensibilidad, que la guerra es, sin lugar a dudas, la actividad más simiesca del ser humano.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Ahora leyendo: "El cielo en llamas", de Mário de Sá-Carneiro

 La jovencísima edad a la que murió este hombre, veintiséis años, nos privó de uno de los más talentosos autores en lengua portuguesa. Contemporáneo y amigo de Pessoa, Sá-Carneiro presenta una innegable influencia de Poe, con ese gusto por lo sobrenatural que está "a la vuelta de la esquina". En su poesía, donde más destacó, se acerca al Decadentismo y al Simbolismo, tan en boga a finales del XIX, como al Modernismo, en pleno auge entre las dos guerras mundiales. 
  El cielo en llamas es una recopilación de cuentos y relatos en los que esa influencia "gótica" de Poe se percibe en cada párrafo.

 
 Además de estos pocos libros de poesía y narrativa, también formó parte de la llamada "Generación de Orpheu", epónima de la revista literaria creada por él mismo y Pessoa.
 Desgraciadamente, ese enorme talento y sensibilidad artística tenían como contrapunto, como es bastante habitual, un carácter depresivo y tremendista que le llevó al suicidio a tan temprana edad.
 En mi humilde opinión, Mário de Sá-Carneiro fue más importante como potencial que como realidad, me explico: sus relatos son altamente ingeniosos, están escritos con una calidad difícil de alcanzar que junto con su originalidad les hacen dignos de ser tenidos en cuenta para una literatura tan importante como la escrita en lengua portuguesa, pero, con todo, no puedo obviar la sensación de estar leyendo a alguien que todavía está afianzando su estilo literario, que no ha alcanzado su madurez.