sábado, 16 de marzo de 2013

Ahora leyendo: "Gabrielle de Bergerac", de Henry James

  Comienzo con Gabrielle de Bergerac, de James. Un autor a medio camino entre su Nueva York natal y Londres, camino no geográfico que lo situaría en mitad del Atlántico sino cultural, un yanqui -en el sentido exacto del término, alguien natural del noreste de Estados Unidos- enamorado de la más rancia cultura inglesa.
   Tanto es así, que para muchos críticos literarios anglosajones, James es incluido entre los escritores victorianos, por su estilo, su prosa barroca y lenta, sus temas sociales ambientados en Inglaterra... todo esto en un americano. No es una excepción, en la metrópoli de nuestros tiempos -con el permiso de la inmensa potencia emergente, China, que Dios nos asista cuando esta última pase a ser nuestra metrópoli- es muy frecuente que en el noreste, principalmente Nueva Inglaterra, pero no solo, también Nueva York e ingluso Washington, muchos de sus más aclamados intelectuales tengan una vieja añoranza romántica de "la vieja Europa", especialmente de la "pérfida Albión"; nada que ver con aquellos del sur -tejanos y demás morralla- o los avasalladores del oeste -léase californianos-.
  Gabrielle de Bergerac es considerada una de las novelas más románticas de Henry James, según dice con profunda influencia de Jane Austen; a diferencia de la mayor parte de sus obras, ésta está ambientada en Francia, donde una joven señorita aristócrata sufre los desmanes de una vida prefijada y aburrida contando un carácter vividor y rebelde.

viernes, 15 de marzo de 2013

Jean Genet

  L'enfant terrible  de la literatura europea de todos los tiempos, provocador, inteligente, amante de lo sórdido... Jean Genet es un creador imprescindible, en mi opinión más en teatro que en narrativa, pero imprescindible al fin para entender la revolución literaria que se llevó a cabo en el siglo XX. Su proyección de lo más sórdido, lo más brutal, lo más descarnado no es accidental, busca redimir a la sociedad encontrando la belleza en el mal, lo sublime en lo más oscuro...
  Leyendo Diario del ladrón uno no puede por menos que sorprenderse, ir de salto en salto, acompañando a un reconocidísimo autor en los más bajos fondos de la sociedad humana. Genet no escatima detalles, incluso algún detractor afirmaba que buena parte era exagerada o incluso inventada; lo cierto es que consigue lo que quiere: provocar, hacer que el lector quede impactado, con sus narraciones sobre sórdidos centros penitenciarios, violencia sin fin entre chorizos de poca monta, mendicidad en una sociedad lujosa, utilización mercantilista del sexo... en la biempensante sociedad europea, que no quiere ver mendigos en sus calles -que se los lleven lejos, "ojos que no ven..."-; que se horroriza ante la homosexualidad, más si cabe ante la prostitución homosexual, como si la prostitución heterosexual a la que todos los grandes prohombres de la sociedad acuden fuera algo limpio, virginal... para esa biempensante sociedad, digo, este texto, mitad novela mitad diario, supone un escupitajo a la cara, un inaceptable desdén a su honor.
  En teatro, Genet es aún más interesante. El mismo afán provocador está presente, las ansias de reventar la sociedad burguesa y sus hipocresías. Obras inolvidables que, felizmente, se representan con asiduidad son Las criadas, El balcón o Los negros.

jueves, 14 de marzo de 2013

Ahora leyendo: "Libros de maravillas para niñas y niños", de Nathaniel Hawthorne

   Así, con ese título que parece un chiste en sí mismo: Libro de maravillas para niñas y niños, la editorial Acantilado publica una de las "obras menores" de Hawthorne.
   Según cuentan, se trata de una idea del propio autor, quien intenta modernizar (adaptar a mediados del XIX) ciertos mitos grecolatinos para que fueran más entendibles por la población del momento, especialmente la juvenil. Así se reescribe los mitos de Perseo y Medusa, el rey Midas, la caja de Pandora o el viaje de Hércules al Jardín de las Hespérides entre otros.
  Interesante experimento para uno de los autores considerado como "padre de las letras norteamericanas", autor de la Letra escarlata, archiconocida historia -sobre todo por las varias versiones cinematográficas- en la que denuncia la actitud puritana y fanática de la sociedad del Este de Estados Unidos en el siglo XVII. Nathaniel Hawthorne nació, de hecho, en Salem, Massachusetts, donde se encarnaría una de las mayores aberraciones sociales de aquel país con la "quema de brujas". En ese rincón noreste de aquel país, lo que se llama Nueva Inglaterra, se darían grandes genios literarios y filosóficos, además del propio Hawthorne: Thoreau, del que hablé en otras ocasiones; Ralph Waldo Emerson, más filósofo que novelista; mi muy admirado H.P. Lovecraft, nacido en Providence, Rhode Island; o la genialidad depresiva de Sylvia Plath.
 

Inciso cinematográfico: "El amigo americano", de Wim Wenders

  No me gusta mucho el género policíaco, ni en cine ni en literatura; de Patricia Highsmith he leído muy poco, solo recuerdo una recopilación de relatos titulada Crímenes bestiales, en la que los animales tenían un importante rol; aun con todo, sí me gustó El amigo americano, que participa de todos las características, buenas y malas, de la llamada "novela negra".
   Será porque Bruno Ganz y Dennis Hopper son unos de mis actores favoritos, será porque Wim Wenders es uno de los directores que más aprecio, o que la experiencia de la novela negra en el ambiente industrial -un poco decadente- de Hamburgo parece hecho a medida... lo cierto es que el resultado me resulta muy atractivo. Supongo que para los que no nos gusta la novela negra, consideramos que son relatos poblados por tipos con sombrero y gabardina, que fuman con gesto de duros y responden lacónicamente con voz de barítono... ese es el estereotipo, por supuesto El amigo americano se aleja totalmente de él, muestra a un tipo totalmente normal, interpretado genialmente por Bruno Ganz, que se ve tentado a la vida criminal por una serie de circunstancias familiares y personales.
   Al margen del argumento, la dirección espléndida de Wenders permite que el espectador se sienta parte de la película, de nuevo con esa subjetivización de las secuencias. Una vez más, como ocurre con frecuencia con las películas de Wenders, se hizo una mala copia en Hollywood, titulada El juego de Ripley, de la que solo cabe destacar la actuación del protagonista, John Malkovich.
 

lunes, 11 de marzo de 2013

Ahora leyendo: "Miserias de la guerra", de Pío Baroja

  Otra más de Baroja, de quien ya hablé en otra entrada al leer Camino de perfección, ahora comienzo una novela con la Guerra Civil como escenario, Miserias de la guerra, una novela con cierta enjundia política y social.
   Digo que tiene cierta enjundia porque aun cuando Baroja la terminó de escribir en el 51, se publicó de forma póstuma el 75 -Baroja murió en el 56-; según se cuenta, fue así porque los censores quisieron cercenar grandes partes de la novela y el autor decidió no publicarla. Es peculiar, porque si bien Baroja nunca fue considerado franquista (era demasiado independiente y ateo como para serlo), lo cierto es que estuvo, aparentemente, más cerca del Régimen que de la finiquitada República, de hecho, Pío Baroja volvió a España en la posguerra, se había exiliado en Francia, y continuó escribiendo sin grandes problemas con el Régimen salvo esos intentos de censura antes citados. Puede que fuera demasiado independiente y autónomo como para decantarse por uno u otro bando, como hicieron la mayor parte de los intelectuales del momento, casi todos, como es bien sabido, tomaron parte por la República, lo cual les valió el ostracismo y el exilio.
   Al margen de la postura de Baroja en el ámbito político, Miserias de la guerra es una novela con cierto sabor noventayochista, sobre todo en el sentido de considerar que "España no tiene solución"; enfoca la Guerra Civil como una continuación de la historia desgraciada y trágica de este país, con un ánimo de resignación, desilusión y vuelta a los orígenes que era tan propio de 1939 como de 1898.

domingo, 10 de marzo de 2013

Inciso cinematográfico: "En la niebla", de Sergei Loznitsa

  Un verdadero milagro que esta película haya llegado a esta pequeña ciudad... no la podía dejar pasar.
   Ese cartel es la versión alemana, en la original el título es V tumane o, en cirílico, в тумане. Obviamente se trata de una película rusa, ambientada en la Bielorrusia ocupada por los nazis, en la que un sencillo campesino es atrapado por los nazis y liberado después, lo cual le deja como un colaboracionista a los ojos de los partisanos, quienes deciden ejecutarle. El argumento es duro, pero por supuesto no inverosímil en tiempo de guerra, pero lo mejor es el tratamiento de la evolución psicológica del protagonista, que no acaba de comprender totalmente por qué es odiado por todos si no ha hecho mal absolutamente a nadie, ni a los nazis -ya que él no participa en un sabotaje cometido por sus compañeros- ni a los partisanos -ya que no ha colaborado en ningún momento con los nazis-; sin embargo, todos le odian. El protagonista, Sushenya, interpretado convincentemente por Vladimir Svirsky, es un tipo fundamentalmente bueno, que trata de ayudar a todos en la medida de sus posibilidades, alguien que se pregunta por qué se cambia tanto en la guerra... Por cierto, el final, que justifica el título, es de un realismo brutal que evita caer en sentimentalismo alguno.
   Desde el punto de vista técnico, la película es un monumento al uso -algunos podrían decir abuso- del plano secuencia, con "steadicam" y "travelling", primeros planos y larguísimas secuencias en total silencio. Me recordó mucho, no solo por el origen, a las películas de Tarkovski, con personajes tan ensimismados en su mundo interior que parecen estar abotargados, con tantas escenas sin  conversación rodadas en maravillosos exteriores que a veces te preguntas si estás viendo un documental. En definitiva, una buena película con un pequeño presupuesto, actores correctos, argumento sencillo pero que hace pensar y paisajes espléndidos -los bosques de Bielorrusia-. 

sábado, 9 de marzo de 2013

"La montaña mágica", de Thomas Mann

  Una de las novelas que más me ha gustado en los últimos años fue La montaña mágica, de Thomas Mann, un largo relato, muy largo, en el que apenas hay acción, hasta el final.
   El argumento, en pocas líneas, es la vida de un joven, Hans Castorp que viaja a un sanatorio para tuberculosos en los Alpes suizos donde está internado su primo; allí se encuentra con un mundo paralelo en el que el discurrir del tiempo no tiene nada que ver con lo que está acostumbrado. Castorp se relaciona con otros internos además de con su primo, alguno de los cuales tiene un papel importante en su formación intelectual, y otros con los que mantiene un idilio, al menos platónico. El tiempo, su relatividad, es parte importante de ese argumento, allí en la montaña todo se ralentiza, los días se convierten en meses y los meses en años. Castorp cada vez está más aclimatado, tanto que acaba por contagiarse, de hecho se va anticipando que esto ocurrirá desde casi su llegada, pero, sin embargo, no es tomado como algo trágico, sino como algo propio del devenir de la vida. Durante la estancia, su primo, al que había venido a visitar, marcha del hospital para reincorporarse a su regimiento, tiempo después volverá, mucho más enfermo y ya no saldrá jamás; esto es, quizás, un anticipo del final. A la postre, la guerra, de la que se ha estado hablando durante meses, estalla; Castorp, que sigue enfermo y lleva ya siete años en el sanatorio, se alista en el ejército prusiano... las últimas escenas son de guerra, comienza una batalla que es presentada como suicida, Hans Castorp está allí... se presiente su muerte...
   Es posible que el tamaño de la novela haya desanimado a muchos, sin embargo hay algo de hipnótico en ella, algo que tiene que ver con un fatalismo inevitablemente aceptado, el de la enfermedad, el de la muerte, el de la guerra... El joven y enérgico protagonista es contrastado con la aparente desidia de los internos del hospital; la propia tuberculosis, que va lentamente matando, es una metáfora de la vida y sus miserias. Todo es narrado con resignación, sin lucha, pero sin victimismos o llantos. 
  Una gran novela, otra forma de ver la vida, de abandonarse a sus exigencias, en una suerte de nihilismo que todo lo alcanza y aniquila.

viernes, 8 de marzo de 2013

Ambrose Bierce

  No me resisto a citar una breve fábula del genial Bierce, Bitter Bierce, como le apodaban por su sarcástico humor:

  El Principio moral y el interés material.

  En una ocasión, un principio moral se cruzó con un interés material en medio de un puente tan estrecho que solo permitía el paso de uno de ellos.
  - ¡Túmbate en el suelo, ser inmundo! -gritó el principio moral- ¡y deja que pase por encima de ti!
  El interés material simplemente le miró a los ojos, sin pronunciar palabra.
  - Muy bien -dijo el principio moral, de forma dubitativa- echemos a suertes quién ha de apartarse y ceder el paso al otro.
  El interés material siguió sin soltar palabra y mantuvo la mirada clavada en su adversario. 
  - Para evitar cualquier tipo de conflicto -dijo el principio moral, mostrando ya un cierto nerviosismo- seré yo el que se tienda para que tú pases por encima.
  Por fin, el interés material recuperó la voz.
  - Me temo que tu forma de andar no resulta del todo fiable -le dijo-. Por otro lado, soy bastante escrupuloso con lo que piso. ¿No sería mejor si simplemente te tirases al río?
  Y así ocurrió.

                                  Ambrose Bierce
       Esto fue escrito  a finales del XIX, pero, por supuesto, es de rabiosa actualidad, tanto como que es atemporal. Hoy, que asistimos abotargados a la destrucción, al saqueo de un país y una sociedad sin el más mínimo pudor, se hace más presente esta fábula de Bierce... algún idiota -especialmente cercano, en la familia- me preguntó que para qué servía leer... para esto sirve, para entender la vida y no esperar nada del desgraciado género humano... el resto sigue encastillado en sus triviales posiciones coyunturales de defensa de una civilización, o peor aún de un partido político...
 

jueves, 7 de marzo de 2013

Ahora leyendo (también): "Amphigorey", de Edward Gorey

  Lo reconozco, he caído bajo el influjo de Gorey... sus viñetas son tan peculiares, tan inteligentes y sutiles a la vez que impactantes y demoledoras, que no he podido evitar comprar tres de las cuatro (ya conseguiré la que falta) recopilaciones de sus libros, que tituló Amphigorey.
   Para aquellos que no le conozcan pero hayan visto las películas de Tim Burton, sepan que la estética del cineasta, tan particular, tan reconocible, tiene un evidente origen en Gorey (los benévolos dirán influencia, otros peor pensados, plagio).
   En cualquier caso, la obra de Gorey, ciertamente enorme, supone la confirmación definitiva, para aquellos que todavía sean tan ignorantes como para pensar que los cómics son "cosas de chicos".

miércoles, 6 de marzo de 2013

Ahora leyendo: "Fábulas feroces", de Ambrose Bierce

  Ya cité a Bierce, siempre relacionado con Lord Dunsany y H.P. Lovecraft... quizás menos dotado en fabulación que este último. Bierce fue un "autor menor" en una época literaria dominada por las inmensidades de Poe y Melville en su país. Primera incursión en su obra:
   Bierce nació en Ohio, Región de los Grandes Lagos (Medio Oeste lo llaman también), no muy lejana a la Nueva Inglaterra de Lovecraft y Poe. Todos ellos estuvieron sometidos a una visión constreñida de la vida, en la que esta perdía importancia hasta convertirse en un mero trámite hasta la llegada de la vida eterna -características propias del Calvinismo y Puritanismo-; es posible que sus infancias les marcaran y encaminaran hacia una creación literaria en lo que lo "gótico" -entendiendo como tal el gusto por las historias macabras y extrañas- y lo sobrenatural fueran los factores más comunes.
   Lovecraft le citó en varias ocasiones en su enorme producción epistolar, algunas veces para admirarle por su capacidad creativa y otras para desdeñarle como "escritor mecanicista"; sea como fuere, ambos se encuentran en el mismo "saco literario", corriente que, a diferencia de otras muchas, permanece de rabiosa actualidad para una sociedad humana cansada de vidas demasiado planas y carentes de aliciente... para todos ellos, para todos nosotros, Bierce, Lovecraft, Dunsany... echan la sal que necesitamos para sobrevivir en nuestra anodina existencia.