lunes, 10 de abril de 2017

"Carpe diem", by Grant Snider (www.incidentalcomics.com)


Ahora leyendo: "La raza", de Pío Baroja.

 La raza es, como todo el mundo sabe, la trilogía formada por La dama errante, La ciudad de la niebla y El árbol de la ciencia. De ellas, con gran diferencia, es la última la más leída y aclamada, de hecho, en mi juventud era "lectura obligatoria" en bachillerato. A mis ya lejanos catorce o quince años me entusiasmó El árbol de la ciencia, sentí cierta empatía con Andrés Hurtado y su afán por alejarse del mundanal ruido. Ahora retomo la novela pero con las dos anteriores, en una edición de Tusquets.
  Ya he leído La dama errante, y he de decir que me ha decepcionado bastante. Es una novela con un cierto apresuramiento y ligereza; es, en cierto modo, una novela de viajes, ya que narra la huida de Madrid del doctor Aracil y su hija María tras verse tangencialmente involucrados en un atentado terrorista (copia según el propio Baroja del atentado contra Alfonso XIII perpetrado por Mateo Morral) camino de Portugal. No creo haber sido injusto al describir como apresurada y ligera esta novela, sobre todo cuando es obra de Baroja, capaz de entretejer historias de una forma mucho más eficaz y espesa (la propia El árbol de la ciencia lo demuestra); hasta tal punto afirmo esto que estoy seguro de que si su autor no hubiese sido el célebre vasco probablemente no hubiera sido publicada ni conocida. Así son las cosas: "el mejor escribiente echa un borrón", y el mejor escritor escribe alguna novela olvidable.
  Con todo, Baroja está ahí con la profusa descripción psicológica de sus personajes, enlazando todo con una naturalidad pasmosa. Es decir: la calidad de la obra "barojiana" se aprecia en el fondo, pero en La dama errante no alcanza las altas cotas que se degusta en la última parte de la trilogía. En fin, seguimos para bingo...

jueves, 6 de abril de 2017

Ahora leyendo: "El honor perdido de Katharina Blum", por Heinrich Böll.

 He vuelto a Böll después de leer a Lenz, incluidos ambos junto con Grass y alguno más en la "Literatura de escombros" alemana. Al parecer la publicación de esta novela breve supuso un verdadero escándalo sobre todo por la denuncia contra la perversidad sin límites del tabloide alemán por excelencia: el "Bild" (antes conocido y nombrado en la novela como "Bild zeitung"). El tema de la novela es sencillo: la destrucción sistemática de una persona sencilla y trabajadora, Katharina Blum, con la única finalidad de alimentar el morbo y aumentar la tirada del tabloide. Es, no cabe duda, una crítica certera contra la falta de moralidad de este tipo de prensa rosa, pero también contra todos aquellos que se dejan llevar de prejuicios estúpidos y maledicencia sin límites, es decir, la práctica totalidad de la sociedad.
  Tal vez esta novela no provocaría hoy el escándalo que provocó en 1974 (hoy estamos acostumbrados a tragar tanta basura que no escandaliza nada de nada), pero que nadie dude de que los tabloides (y, en general, la información de bajísima calidad) marcan nuestras vidas de forma inexorable. Ejemplos de esto último hay miles, no solo en lo referido a sucesos particulares como narra esta novela, también los que tienen que ver con la toma de decisiones importantes que pueden llegar a modificar la política internacional de un determinado país. Pero que nadie se engañe, los culpables somos todos. La institucionalización de la mentira, del juicio apresurado cuando no del prejuicio, de la ausencia de espíritu crítico solo puede existir cuando yo me dejo engañar. Mentirosos, manipuladores y gentuza en general ha existido siempre, pero solo son peligrosos cuando son exitosos y capaces de modificar la opinión de masas.
  Por eso da tanto miedo cuando uno asiste a la maniquea división política de nuestra sociedad, viendo como todos y cada uno de los que me rodean se posicionan automáticamente en uno u otro bando y se tragan la basura que los medios de comunicación les venden. Así, no tienen necesidad de juzgar, ya se lo dan masticadito en su televisión, su periódico, su sitio de internet... están deseando que les den un motivo para darse de bofetadas. En realidad, a menudo me sorprendo de que no haya una guerra ya en marcha, porque la situación anímica de la sociedad es verdaderamente prebélica.

domingo, 2 de abril de 2017

Vigésimo quinta Feria del libro antiguo y de ocasión de Valladolid.

 Acompañando a la primavera ya está aquí la feria del libro antiguo, sigue con su localización habitual (Paseo central del Campo Grande), horarios y participantes de siempre. Para más información: http://alvacal.com/
Foto tomada por A.C.A.

"Nazarín", novela tolstoyana y quijotesca.

 En la entrada anterior afirmé que Nazarín es una novela tolstoyana desde el punto de vista temático, pues su personaje principal, Nazario Zaharín, es un místico al más puro estilo del ruso, alguien que busca en las Sagradas Escrituras la única verdad y salvación posible... pero en la lectura más honesta del Evangelio, libre de todas las zarandajas y perversiones que han corrompido a la Iglesia católica y otras tantas que solo buscan las glorias mundanas; es decir, que Nazario es seguidor de la humildad en su grado extremo, partidario de la búsqueda de la pobreza, del rechazo de todo lo material aunque esto llegue a suponer no tener un simple par de zapatos. Bien, después de leer esta novela breve sigo aseverando todo esto.
Galdós pintado por Sorolla. Imagen extraída de Commons Wikimedia
  Pero además afirmo que Nazarín es una novela quijotesca, o, al menos, sus personajes principales lo son. Tal vez el canario no busca el fin humorístico que perseguía Cervantes, pero desde luego los personajes son tan entrañables como los de la universal "primera novela" del castellano. Entre los muchos paralelismos es fácil atribuir el rol místico y un tanto alejado de la realidad de don Quijote a Nazario, así como la mundanidad práctica de Sancho a Ándara; pero además hay capítulos que sí tienen ese punto cómico cervantino, tal es, por ejemplo cuando Nazario, Ándara y Beatriz llegan a los dominios del soberbio Pedro de Belmonte, que acaba por confundir al cura manchego con un obispo armenio en peregrinación o a las mujeres antes citadas con santas féminas cuando son prostitutas del Madrid barriobajero (¿no recuerda esto a don Quijote en su primera salida, cuando llega a una venta y confunde a un par de rameras con damas de alta alcurnia?). Por otro lado, la propia peregrinación del cura de Miguelturra tiene mucho de quijotesco... es algo más que una simple coincidencia, Pérez Galdós trata de actualizar (si es que esto fuera necesario en la novela más atemporal de nuestra literatura) el Quijote dándole un enfoque más espiritual si cabe.

sábado, 1 de abril de 2017

Ahora leyendo: "Nazarín", de Benito Pérez Galdós.

 Habiendo tanta "literatura de consumo" como hay hoy en día, volver a Pérez Galdós es como volver al hogar. La prosa reposada, cercana (sobre todo, al menos para mí, en la ambientación espacial), con una descripción psicológica de los personajes que los llega a hacer entrañables, su coloquialismo que hace rabiosamente moderna una novela como esta escrita hace más de ciento veinte años... Aunque pueda parecer  ridículo, me enorgullezco de pertenecer a la misma cultura que este tipo; me humedece los ojos reconocer en la charla coloquial madrileña de algunos personajes de Nazarín la forma de hablar de mis abuelos Alfonso y Manolita, fallecidos hace más de veinte años... Sí, leer a Galdós es como volver a casa.
  Cuentan los críticos literarios que Valle-Inclán (buen amigo de Galdós) se mofaba con buen tono del canario llamándole "Benito el garbancero", por el notable dominio que tenía del habla popular (principalmente madrileña, léase para ejemplo Fortunata y Jacinta) y el abundante uso que hacía de ella en su obra. En efecto, Pérez Galdós es un maestro de la prosa sin afectación academicista, sin grandilocuencias ridículas tanto en las formas como en el fondo.
 El tema, la pureza religiosa y espiritual de un sacerdote católico, Nazario Zaharín, que se aleja de las corruptelas materialistas tan frecuentes en la práctica totalidad de aquellos que han optado por la "carrera religiosa", y que se centra en la humildad y sencillez como herramientas para alcanzar la salvación, es un tema típicamente tolstoyano. De hecho, algún que otro sesudo crítico literario recuerda que Galdós, como tantos otros escritores e intelectuales de la época, quedó muy impresionado por el discurso espiritual del "ruso inmortal". Nazarín es una novela muy madrileña en su ambientación, pero universal en el tema tratado, y el tipo de espiritualidad (la humildad por encima de todo, la búsqueda de la igualdad de todos los seres humanos, la pobreza voluntaria...) es característica de Lev Nikolaievich.
 Es, pues, una mezcla notable de ese casticismo galdosiano que, al menos a mí que nací y me crié en los "Madroñales del Oso", se hace muy entrañable, y la universalidad del estoicismo cristiano, algo que, por desgracia está de capa caída en esta sociedad tan superficial y materialista. Me voy a administrar una cura galdosiana frente a tales miserias humanas...

sábado, 25 de marzo de 2017

"Berlín, ciudad de piedras", por Jason Lutes

 Creo que pocos  episodios históricos son más rentables desde un punto de vista literario y artístico en general que la llegada del Tercer Reich y las convulsiones sociales y políticas que se produjeron en la Alemania de los años 20 y 30 del pasado siglo. El cómic de Jason Lutes (encuadernado de forma "aparentemente" lujosa para darle el prestigio adquirido con la nueva denominación, novela gráfica) se inspira en aquellas coordenadas espacio-temporales.
  Este es el primer tomo de una pretendida trilogía, pero lo cierto es que los dos primeros volúmenes llevan varios años en el mercado y el tercero no ha aparecido y no se le espera en breve; tal vez es una obra demasiado ambiciosa o no ha cosechado el éxito que se anhelaba, vaya usted a saber. 
 En el primer tomo se presenta a Martha Müller, estudiante de arte proveniente de Colonia y a Kurt Severing, periodista. Ambos tienen una visión certera de la situación del país (casi parecieran omniscientes) y sufren en sus carnes ser disidentes del nacionalsocialismo que día tras día se va imponiendo, ya sea la disidencia por cuestión racial o de pensamiento. El dibujo, en blanco y negro, es del clásico estilo de "línea clara", con algunas viñetas dedicadas a calles y plazas de Berlín de una calidad francamente alta.
  La trama tal vez sea un poco previsible, pero tiene suficiente mordiente para un cómic que, una vez más, demuestra que este subgénero literario es válido para temas serios e importantes.

Ahora leyendo: "El barco faro" de Siegfried Lenz.

 Lo primero que leo de Lenz. Según parece a este tipo se le incluye en la llamada "Literatura de escombros" alemana en la que destacan Günter Grass y Heinrich Böll, de estos sí he leído bastante. Lo de "literatura de escombros" hace referencia a que estos escritores estuvieron activos en la posguerra de mitad del siglo XX. Todos nacieron en torno a los años veinte, con lo que fueron movilizados por el Tercer Reich aunque fuera con extrema juventud. El proceso mental de asimilar la guerra, la derrota y práctica destrucción nacional, así como los horrores de los que sus compatriotas (y vaya usted a saber si ellos mismos) fueron autores, les lleva a un proceso intelectual que, puesto negro sobre blanco, generó una de las páginas más interesantes de la literatura europea del siglo XX.
  Y esa es, en mi opinión, una de las funciones más interesantes de la literatura: la de exorcizar los demonios que, con regularidad periódica, convierten a los seres humanos en una de las especies animales más abyectas. Si no fuera por la labor terapéutica de la lectura y la escritura, la humanidad no llegaría a comprender en su totalidad los horrores que comete con una frecuencia tan alta. En el caso que nos ocupa, Alemania no sería hoy una sociedad moderna y sana si no hubiese conseguido liberarse de la barbarie del nacionalsocialismo gracias a la catarsis social por vía literaria.
 Sea como fuere, Siegfried Lenz conforma un triunvirato destacado con Böll y Grass, ambos Premio Nobel de literatura. Lenz no fue premiado con tan alta distinción, pero sí fue un escritor ampliamente leído y admirado en Alemania.
  Por lo poco que he leído de momento, se observa una descripción psicológica de los personajes muy notable, algo que es característico de la literatura generada tras grandes derrotas militares (piénsese, por ejemplo, en la Generación del 98). En El barco faro, el personaje principal, Freytag, es un tipo pacifista que trata de sobrellevar una situación sobrevenida de gran peligrosidad de una forma tan moderada que es considerado un cobarde por el resto de la tripulación, incluido su propio hijo; tal vez esto sea una metáfora de todos los intelectuales alemanes de posguerra que fueron capaces de hablar sin medias tintas del profundo error que supuso el Tercer Reich, comenzando por los errores propios.

sábado, 18 de marzo de 2017

"El secreto del estrangulador", por Tardi y Siniac.

 Los franceses son muy aficionados a la narrativa policiaca o novela negra, no hay más que recordar a Georges Simenon, Léo Malet o Didier Daeninckx, y con ellos también el autor de este cómic, Pierre Siniac. Pero ahora pienso en que, en realidad, novela negra hay en todas las lenguas europeas, piénsese en Conan Doyle y Agatha Christie, la caterva de escandinavos recientes o incluso nuestros Vázquez Montalbán o Lorenzo Silva. En cualquier caso, los que usan la lengua de Molière tienen la fortuna de haber sido "pasados" al cómic por uno de los grandes dibujantes del continente: Jacques Tardi.
 La colaboración entre escritores de notable reputación y dibujantes de la calidad de Tardi produce novelas gráficas de una calidad inigualable, algo que se echa en falta cuando los dibujantes son también los escritores (como es el caso de los grandes Hugo Pratt o Vittorio Giardino). Parece ser que el tal Pierre Siniac tiene publicadas en el país vecino varias decenas de novelas policiacas y algún que otro premio para tal literatura. Y de Tardi... ¡qué decir! Uno de los artífices que han conseguido que el cómic de toda la vida así llamado (en España, las más de las veces, tebeo) renaciese como "novela gráfica", no porque cambiara el tipo de viñeta sino porque la temática se volvía mucho más adulta. En este caso es novela negra, como los de la serie del detective Nestor Burma; pero en otros es novela autobiográfica, como los cómics que Tardi dedica a su padre cuando éste fue prisionero de guerra de los nazis; o incluso de la Revolución Francesa. Jacques Tardi toca temas que décadas antes hubiera sido impensable que se pudieran tratar en un género tan inicialmente infantil o juvenil como el tebeo.
 Tardi dibuja principalmente en blanco y negro, lo cual refuerza la sordidez del ambiente en la novela policiaca y en la bélica. Por otra parte, no se limita a ser dibujante, en toda su obra transmite un profundo antibelicismo y una consciencia de pertenencia a la clase obrera que desdeña el poder político y social. En fin, uno de los grandes del cómic franco-belga.

Ahora leyendo: "La muñeca de nieve y otros cuentos", de Nathaniel Hawthorne.

 De la mal llamada "literatura victoriana" (mal llamada porque tal literatura sería achacable solo a lo escrito en el Reino Unido durante el reinado de dicha reina, no en Estados Unidos como es el caso), Hawthorne es de lo que más me gusta últimamente. Concita la prosa del americano la descripción minuciosa, la adjetivación profusa, pero también el gusto por lo oscuro, lo sobrenatural o, al menos, lo extraño. Este pequeño volumen editado por Acantilado así lo demuestra.
  El relato que da título al tomo muestra ese gusto vicioso por lo antinatural e ilógico que da ese toque picante a vidas que, sin ello, serían demasiado aburridas, demasiado previsibles. Pero además, el bueno de Nathaniel cumple con otra característica muy frecuente entre algunos victorianos, en este caso del otro lado del Atlántico: su defensa cerrada de los ciudadanos más desfavorecidos de la sociedad, los proletarios, los pobres de solemnidad, los desahuciados de esta insigne humanidad que son adornados con todos las virtudes habidas y por haber, mientras que los ricos y poderosos son mostrados en su inmensa bajeza moral. Me viene a la cabeza Dickens, por supuesto, que no tiene novela o relato en los que los protagonistas no sean desheredados que tratan de salir adelante contra viento y marea, mientras son explotados por los pudientes. Excepciones hay, claro, como la "pedorra" de George Eliot, capaz de escribir un tomo tan largo como tedioso como es Middlemarch en la que se regodea de la anodina vida de los de alta cuna como ella misma.
  Los cuentos de este tipo son pequeñas joyas que aguantan perfectamente el paso del tiempo, otra razón para no leer literatura contemporánea, sometida al mercadeo editorial que impide distinguir el grano de la paja.