sábado, 18 de mayo de 2013

Inciso cinematográfico: "Más allá de las colinas", de Cristian Mingiu

  Más allá de las colinas, "Dupa Delauri" en rumano, es una película dura, diría realista, con un tempo muy lento, casi el de la eternidad. Las protagonistas son dos chicas, una de ellas, Alina, ha vuelto de trabajar de Alemania, para buscar a Voichita, con quien tuvo, así se insinúa al menos, una relación sentimental en el pasado.
   Pero las cosas han cambiado radicalmente, ahora Voichita es monja en un pequeño convento ortodoxo. La situación de Alina es desesperada, provocando un desenlace previsible: su muerte en una suerte de exorcismo. 
  Lo mejor de la película, a mi entender, es la originalidad del tema, la excelsa sobriedad de la fotografía y ese ritmo lento del que hablaba antes. Realismo puro, sin pretensiones efectistas... ni siquiera banda sonora. El resultado final es una película dura pero hermosa que mereció la "palma" al mejor guión y a la mejor actriz en el Festival de Cannes de 2012.

viernes, 17 de mayo de 2013

Fragmento del cuarto capítulo de mi novela:"Dulce et decorum est pro patria mori"

IV WILLIAM

- ¡Vamos inútiles, moved el culo! ¡Terminad de una vez!
¡Cómo me duele la espalda! Ya no tengo edad para acarrear sacos durante más de diez horas. No puedo más.
- ¡Tú! ¿Qué pasa, no quieres seguir trabajando?
- Un momento, capataz, me duele mucho la espalda...
- ¡Pobrecito! ¿Habéis oído? A este pobre le duele la espalda... ¿Llamamos a tu mamá? ¡Ponte en pie inmediatamente y sigue descargando o te muelo a palos!
- No... no puedo más...
- ¡Sigue trabajando o lárgate! ¿Quién te crees que eres?
- Está bien, me voy... págueme lo que me debe.
- ¡Esta sí que es buena! ¿Que te pague, encima? ¡Fuera de mi vista, no vuelvas nunca por aquí, eres la escoria de todo Londres, desaparece!
- He trabajado toda la semana, hoy casi seis horas... merezco mi salario.
- ¡Fuera de aquí, perro andrajoso! La gentuza como tú tenía que desaparecer de la faz de la tierra... No verás ni un penique, vete antes de que suelte a los perros.
- ¡Explotador, hijo de puta!
- ¡Fuera, chusma, no vales para nada!
- ¡Eso, vete llorando, “mediohombre”, no eres capaz ni de ganar un jornal! 

¡Mierda de vida, qué asco de gente! Me voy, no quiero saber nada de ellos... ¡Dios, tan difícil es que uno pueda ganar algún dinero para poder sobrevivir! No quiero nada más, solo que me respeten como yo respeto a los otros...
No, no era fácil para William ganarse la vida. Su baja capacitación profesional le llevaba a trabajos subalternos, mal pagados y mal considerados, pero su sensibilidad no estaba hecha para eso... con alma de poeta tenía que ganarse la vida como estibador de muelle.
No lograba encontrar acomodo en Londres, como tampoco lo había conseguido en su ciudad natal, Cardiff. Todo lo sentía, todo le dolía, lo que le hacían a él y lo que veía que hacían a los otros. Era un hombre sin maldad en un mundo de malvados, de amargados, de tipos duros; un mundo en el que los hombres no lloran, y él, siendo un hombre, no tenía miedo a llorar. Tenía que poner cara de duro, de insensible, como si a él no le afectara nada; sus “amigos” eran simples truhanes, embrutecidos prostibularios que se alienaban con el alcohol barato, gente sin alma, meros animales con forma humana. Él, sin embargo, necesitaba del contacto humano, buscaba ese guiño de entendimiento, de complicidad, pero solo encontraba muecas de borracho.
No consigo mantener un trabajo, pero ¿qué culpa tengo yo? No estoy hecho para estas labores, si no puedo, no puedo... Voy a tomar una pinta.
William tenía una clara tendencia a huir de los problemas con el alcohol, aunque a la vez lo temía, había visto demasiadas veces borracho a su padre como para anularse completamente con la cerveza.
Entró en un pub cercano a los muelles. Los parroquianos eran obreros en traje de faena, quizá la única que tenían, que bebían para embrutecerse y perder el miedo a la miserable existencia que arrastraban; todos eran hombres jóvenes, menores de cuarenta años, pero por sus ajados aspectos y cansados ademanes parecían más de sesenta.
- ¡Una pinta Joe!
- Marchando... ¿qué tal el trabajo? Has salido pronto hoy...
- Me han echado... ese fascista de Moore... así se muera...


miércoles, 15 de mayo de 2013

Ahora leyendo (con los peques): "El viento en los sauces", de Kenneth Grahame

  Probablemente no haya país en el mundo que haya dado mayor número de escritores de calidad en literatura infantil y juvenil que Reino Unido (principalmente Inglaterra), desde el siglo XVIII hasta la actualidad. Entre ellos es destacable Kenneth Grahame, quien, por lo visto, tenía como ocupación principal ser un alto cargo del Banco de Inglaterra. Grahame pasó a la posteridad por crear unas escenas maravillosamente bucólicas con el señor Topo, el Ratón de agua, la Nutria o el Tejón, protagonistas principales de El viento en los sauces.
  Siempre me gustó leer para y con los niños, algo que jamás hicieron mis padres con mi hermana o conmigo. Creo que es la forma más evidente de promover la lectura entre las nuevas generaciones. Este tipo de novelas hoy universales, en su tiempo inequívocamente inglesas, son ideales para leer con ellos.

martes, 14 de mayo de 2013

Ahora leyendo en poesía: "País que fue será", de Juan Gelman

  Lo llevaba percibiendo desde hace años, pero se hace más evidente con la edad: siento necesidad de leer simultáneamente narrativa y poesía. Necesito una lectura que me sumerja, que me aísle de este miserable mundo que habitamos, con sus crisis, sus corrupciones, sus violencias, sus mediocridades... para eso es perfecta la narrativa: una buena novela con un hilo argumental potente que me arrastre, me anule y me lleve a donde sus páginas quieran. Pero también necesito leer algo que me emocione, que reactive mi pulso, que excite mi ya de por sí hiper-excitada sensibilidad... para eso nada mejor que la poesía.
   Por supuesto no se trata de poesía de corte clasicista, aquélla para declamar en lujosos salones oficiales... no, necesito poesía intimista, poesía que busque la belleza, la esencia de aquello que permite latir a mi maltratado corazón. Un buen ejemplo es Juan Gelman.
   Ciertamente maltratado debe estar el corazón de este pobre hombre, después de haber sufrido la brutalidad humana en la "carne de su carne". Es sabido: los hijos de Juan Gelman fueron "desaparecidos", torturados y asesinados por la salvaje dictadura militar que asoló Argentina en los años 70; afortunadamente pudo recuperar a su nieta, que había sido secuestrada igualmente... Debe tener, por tanto Juan Gelman, un corazón sensible pero fuerte, capaz de luchar hasta la extenuación por recuperar la memoria de sus hijos.

Ahora leyendo en narrativa: "Heliconia, verano", de Brian Aldiss

  Inicio la segunda parte de esta trilogía. La primera, Heliconia, primavera, era un verdadero prodigio de imaginación compensado con rigor científico.
   El planeta sigue girando en su órbita a Batalix, pero además acercándose cada vez más a Freyr, lo que provoca cambios climáticos extremos; llevando una tierra helada a convertirse en una zona verde, fértil; pero también provoca cambios bruscos en las poblaciones humanas e inhumanas, que han de adaptarse como pueden a dichas alteraciones.
   Es una pena que este gran autor británico haya pasado sin pena ni gloria por nuestro país, que sin embargo sí conoce, merecidamente, por supuesto, a Asimov. En el caso de la trilogía "heliconiana" no se trata de futurismo espacial, sino astronómico, con un argumento localizado en un sistema solar binario que provoca evoluciones verdaderamente interesantes. Aldiss consigue dar verosimilitud a esa situación astronómica, a la vez que nos introduce en la realidad palpitante de los habitantes de Heliconia.

lunes, 13 de mayo de 2013

Stéphane Mallarmé

  Me sorprendo a mí mismo de no haber leído a Mallarmé hasta ahora. Leyendo y releyendo con frecuencia a los simbolistas franceses, Baudelaire, Verlaine, Rimbaud; teniendo como poema sinfónico favorito el Preludio a la siesta de un fauno, de Debussy... No tengo perdón, sencillamente...
   Sigo prefiriendo a Baudelaire, pero es necesario reconocer a Mallarmé como su mayor influencia -aunque el discípulo, en mi opinión, superara al maestro-; además, la búsqueda de la belleza sin concesiones, su ruptura con la moral y costumbres burguesas, la hiperexcitación de la sensibilidad... hacen que le tiemble a uno el pequeño libro de Alianza Editorial en las manos.

"El arte de volar", de Antonio Altarriba

  Otra novela gráfica, premiada en 2010, que indaga en las grandezas/miserias de la vida. Para ser justo es necesario, como el prólogo de la obra lo recuerda, valorar a sus dos autores: el escritor, Antonio Altarriba, y el ilustrador, Kim.
 Digo que este cómic es grande como la vida, pues narra la vida del padre del autor, sus luchas, sus desilusiones, sus éxitos, sus fracasos... Para todos aquellos prejuiciosos que relegan la novela gráfica a "asuntos juveniles" o de poca importancia, se sorprenderán con la honda humanidad de El arte de volar. Un gran cómic.

jueves, 9 de mayo de 2013

Fragmento del tercer capítulo de mi novela: "Dulce et decorum est pro patria mori"

 
III CHARLES CHOLMONDELEY


Como todos los días desde que fue movilizado, Charles Cholmondeley hizo la litera de su catre en la sede del MI6 en Hanslope Park, dio un beso a la foto de su mujer, Emma, y sus hijos Alastair, Julian y Emma; sabía que estaban mejor en Essex que en Londres, allí eran menos probables los bombardeos que asolaban la capital noche tras noche; aún así, no podía evitar la añoranza de su vida anterior, con ellos, en aquella agencia de seguros, que, si no era el trabajo de sus sueños, al menos les daba para ir tirando. La guerra había acabado con todo: él movilizado por la RAF, había sido destinado a Buckinghamshire, nada más y nada menos que al MI6, ¿qué sabía un vendedor de seguros de inteligencia y espionaje? Supo que algún familiar había hablado en su favor para que no fuera al frente, tendría más probabilidad de sobrevivir aquí. La vida no era complicada en Hanslope Park, le habían nombrado alférez gracias a sus estudios y tenía cometidos más rutinarios que otra cosa, se trataba de ir dejando pasar los días... sin embargo no dejaba de pensar en Emma y los chicos; a la pequeña Emma la había dejado con tan solo un mes de vida, ¿qué había sido de ellos? Los chicos, Alastair y Julian ya estaban hechos unos mozos, pero necesitarían a su padre cerca aunque fuera como un vago modelo... y qué decir de su Emma, además de su mujer, fue siempre su confidente, su consejera en los malos momentos, ahora que más la necesitaba no la tenía... Al menos estaban con sus padres en aquella granja de Essex... no era un mal lugar para aislarse del mundo y olvidar esa maldita guerra... ¡Maldita guerra! Cada vez que oía las sirenas de alarma o escuchaba en la BBC los destrozos nocturnos que jornada tras jornada asolaban Londres, se le hacía un nudo en el estómago.
Charles Cholmondeley era un hombre pacífico, sin grandes expectativas, solo quería criar a sus hijos en Londres, ese mismo Londres que estaba siendo martirizado en aquel tiempo; su devoción, además de su familia, era su pequeño jardín que cuidaba con esmero todos los domingos, los viejos amigos del cercano pub, un buen libro -especialmente de Chesterton-... en definitiva, una vida tranquila, sin problemas, en la que el lento fluir de los días permitiera ver crecer a sus hijos a la vez que a sus tulipanes...
Pero llegó la guerra que todo lo destruye, destruye las vidas de millones de chicos jóvenes; destruye familias, las mella, las separa; destruye ciudades, acabando con edificios y monumentos que fueron la obra de miles de hombres; destruye las sociedades y países, los humillan, los sumen en la desesperación y el resentimiento, asegurando así la existencia de guerras futuras. La guerra, la más primitiva, la más animalesca de las actividades humanas hacía que los estamentos más brutales e irreflexivos de la sociedad, los militares y los grandes empresarios que se lucraban con ella, se hicieran con el control de los países, relegando a los pacíficos ciudadanos a un papel pasivo, de mera carne de cañón. La guerra explotaba un instinto presente ya en el hombre de las cavernas: el nacionalismo, esa identidad colectiva que diferencia entre el “nosotros y ellos”, haciendo innecesaria cualquier explicación para acabar con el otro, por el mero hecho de ser diferente.
Charles Cholmondeley y su familia también fueron barridos por la guerra, separados, maltratados... él lo entendía, al fin y al cabo era un adulto, pero temía por el efecto en sus hijos, especialmente en los chicos, que ya tenían edad para darse cuenta del horror que se plasmaba en sus caras, algo que no comprendían, necesitaban que sus padres les protegieran, que les dieran seguridad ante las zozobras que supone el despertar a la vida, pero cómo iba a ser así, si ellos mismos estaban aterrados...

martes, 7 de mayo de 2013

Inciso cinematográfico: "My joy" de Sergei Loznitsa

  Hace unas semanas visioné En la niebla, del mismo director; me gustó mucho, me recordó, como ya dije, las películas de Tarkovski, con sus guiones largos, sin apenas acción; largas escenas rodadas en medios naturales; mucha steady-cam... Ahora acabo de ver My joy.
   Me ha gustado menos, la verdad. Supongo que, siendo positivos, indica que el director va mejorando sus películas. La visioné en versión original, ruso, subtitulada en inglés -si no no hubiera entendido ni media-. La cinta dura más de dos horas, y se hace ciertamente dura; las características apreciables en En la niebla se dan también aquí, pero todo es más difuso, menos claro. Al igual que en la otra obra de Loznitsa, los personajes se entregan a vivir con un punto de ensimismamiento y resignación que a un ignorante como yo le parece muy ruso; como en la otra película, todo acaba crudamente y de forma violenta.
  En fin, una película muy interesante para los cinéfilos que creen que en la vida más allá de Hollywood y el "American Way of Life". Por cierto, supongo que esta película no sería muy bien acogida por las autoridades locales, pues denuncia un grado de corrupción y brutalidad policial verdaderamente apabullante.

domingo, 5 de mayo de 2013

Ahroa leyendo también: "Ego & Hubris", de Harvey Pekar

  He leído, todo en e-book, lo más celebrado de Pekar: American Splendor, ahora leo Ego & Hubris, obra menor, pero en el mismo estilo costumbrista y descorazonador.
  Ya hablé de esa artificial clasificación de la novela gráfica en autores europeos y americanos. En esa clasificación no caben autores británicos de la factoría Marvel, como Alan Moore; creadores como Art Spiegelman que siendo americano, aunque circunstancialmente nacido en Suecia, reviven el terrible pasado del Holocausto; o escritores que no crean superhéroes sino vidas normales -mediocres incluso- como el americano Pekar. Pero en fin, siempre habrá escritores fracasados, léase críticos, que tienen que dar su versión de la realidad literaria y elevarla a la categoría de dogma.
  Leer a Harvey Pekar es un ejercicio de cotidianeidad. Los personajes son como él mismo: tipos vulgares hasta la náusea que arrastran sus corrientes vidas por una ciudad tan poco atractiva como Cleveland -tan diferente de la cosmopolita Nueva York de los cómics de Marvel-. Al menos así era en American Splendor, en Ego y arrogancia -su título en castellano- el protagonista vive en Brooklyn... ahí acaba toda diferencia, por lo demás, el personaje es un álter ego de Pekar, con sus inseguridades, sus fracasos sociales, su inadaptación...