martes, 8 de abril de 2014

Ahora leyendo: "Cuentos" de León Tolstoi

 Es curioso cómo se da más importancia a las novelas que a los relatos o cuentos, pareciera como si fueran diferentes calidades.
 Sin embargo, a poco que discurramos, los cuentos son más interesantes que las novelas, tanto desde el punto de visto argumental como desde el estilístico. En esta tesitura está Tolstoi, cuyos cuentos poseen la genialidad de sus novelas, pero no la gravedad o ampulosidad de las mismas. "Guerra y paz" o "Ana Karenina" suponen un extraordinario fresco de la sociedad rusa de finales del XVIII, pero sus relatos son verdaderas joyas que alimentan con su extrema sencillez y a la vez su notable hondura.
  En esta recopilación de la desaparecida Editorial Libra se encuentra un selecto puñado de textos moralizantes, con esa búsqueda de la verdad tan característica de su autor que maravilla a todos aquellos que no nos conformamos con la mediocridad de esta vida. El primero de ellos "Iván el imbécil" tiene más agudeza descriptiva que la por todos admirada "Los hermanos Karamazov" de Dostoyevski. Al igual que en la novela, en el relato hay tres hermanos, prototipos de la división societaria: uno es un militar, otro un hombre de negocios y otro, Iván, un "imbécil". En apenas cuarenta páginas se nos muestra la sociedad que deviene de cada uno de ellos: brutal, autoritaria y sanguinaria la del militar; inhumana, desigual e injusta la del negociante; y la de Iván el imbécil, que sin embargo hace a sus hombres felices en su sencillez. La sociedad humana que genera Iván es la del trabajo honesta, la extrema igualdad entre sus miembros, la compasión y la sencillez, por no hablar de la huida del lujo y aun del dinero. Es en realidad, el paradigma de la sociedad anarquista, eso sí con un componente religioso muy acusado que devendría en lo que se ha llamado "anarquismo cristiano" que basa su cuerpo moral en que, al menos en tiempos del cristianismo primitivo, todos los creyentes se trataban entre sí como iguales; la única autoridad admisible era la de Jesús de Nazaret, siendo Éste Dios su autoridad era admisible, ergo la autoridad de un hombre sobre otro ha de tener un origen demoníaco.
  Estos principios tan esenciales para todo ser humano y otros muchos de similar calado están condensados bellamente en estas joyas tolstoyanas, verdaderas guías de vida.

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