sábado, 23 de enero de 2016

Conclusiones sobre "La solitaria pasión de Judith Hearne".

 Terminé la novela de Brian Moore; me gustó, aunque deja un regusto ciertamente amargo. El regusto amargo viene por el hecho, ya explicado, de lo parecido que es la vida de esta pobre mujer a lo que conocí de mi familia, especialmente del lado materno: una religiosidad omnipresente que lleva al lado más alienante y opresor de la fe, nada que ver con la supuesta liberación a la que tantas veces se hace referencia desde los púlpitos. Un catolicismo que marca de forma indeleble con un sentimiento de culpa a toda criatura descarriada que trata de encontrar un sentido a su existencia, una fe hipócrita, de escaparate de saldos que acaba con la aniquilación del individuo.
Imagen tomada de internet.
  Las imágenes que acompañan al texto, tomadas de internet, son de la adaptación cinematográfica homónima dirigida en 1987 por Jack Clayton y protagonizada por Maggie Smith y Bob Hoskins. No he conseguido encontrar la película, pero esos dos fotogramas dan prueba de la fidelidad a la novela: la primera de Judith con la sempiterna foto de su tía y la causa de su perdición, la botella; y la segunda de su relación fracasada con James Madden. 
 El panorama social que muestra La solitaria pasión de Judith Hearne es desolador. Son un grupo de perdedores natos que desperdician sus vidas a causa del sentimiento de culpa que su medieval concepción de la religión les provoca.
Imagen tomada de internet
   En cualquier caso es una novela altamente recomendable, tal vez más entendible en nuestro entorno histórico que en países donde el catolicismo no haya tenido un papel social tan relevante. Moore pinta un fresco duro pero creíble, con un estilo sobrio y moderno que realza la trama más que la técnica.

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